domingo, 14 de octubre de 2012

Winter is coming? El invierno del mundo

Un día 28 de julio de hace un siglo, el Imperio Austro Húngaro declaró la guerra a Serbia por su negativa a investigar el asesinato del archiduque Francisco Fernando. Así empezó la Primera Guerra Mundial. Un centenario para reflexionar. 


Se acerca el invierno y en el hemisferio norte las temperaturas bajan, las calles se llenan de frío y también se hielan los corazones. Europa tiembla y se oscurece. Un negra sombra de temor recorre los países abriendo a su paso la puerta de los abismos más terribles. Un miedo que a veces nos condena a la tiranía de los salvadores más crueles. Un terror que nos hace vulnerables, idiotas.  Y los ciudadanos de a pie son las verdaderas víctimas, como siempre, pero también los auténticos héroes. Y no, no hablo, de nuestra prima de riesgo y nuestra crisis, ni del papel  que en ella está jugando nuestra admirada-temida Alemania, hablo del Invierno del Mundo, la última novela de Ken Follett. Pero es que al leerla he sentido pánico por momentos.
La novela relata el origen, desarrollo y desenlace de la Segunda Guerra Mundial a través de las vicisitudes que sufren cinco familias que viven el conflicto en Inglaterra, Alemania, Estados Unidos y Rusia. Follet cuenta la gran historia a través de las pequeñas historias y consigue conmovernos y entretenernos a través de mil páginas en las que no regatea un profundo trabajo de documentación.
Y si digo que he sentido pavor es por ver como algunas de las situaciones que se señalan en el libro, podrían, con leves reformas, trasladarse a nuestro días. Y viendo las consecuencias que tuvieron en el pasado...
Porque la historia la escribimos cada uno de nosotros y no debemos olvidar que cada gesto, cada acción cuenta. Por eso debemos tener los ojos muy abiertos y aprender a juzgar lo que pasa a nuestro alrededor sin dejar que otros nos digan lo que debemos pensar o hacer. Porque nosotros somos los dueños de nuestro futuro, y sí, aunque el invierno sea duro, volverá la primavera.
( Solo decir que la novela me ha encantado, aunque me he ido por los cerros de Ubeda).