domingo, 2 de diciembre de 2012

Sunset Park: un vecindario Paul Auster

Conocí el mundo de Auster hace casi 20 años. Cayó en mis manos El país de las últimas cosas y cambió el rumbo de mi avidez lectora. Descubrí un mundo literario que ya no abandonaría jamás. A los que como yo llevéis dos décadas caminando de su mano nada puedo deciros que ya no sepáis de su prosa, de su imaginación, de su peculiar universo casi surrealista. A los que os iniciáis solo envidiaros un poco, por lo que os queda por disfrutar...
Esta vez lo que Auster nos ofrece no son historias concéntricas, contenidas una dentro de otra como muñecas rusas como hacía en La noche del oráculo , aquí son historias paralelas, casi ni se tocan, aunque se miran, se observan.
Los jóvenes de Sunset Park están un tanto perdidos, pero sus padres todavía lo están más. Bajo la mirada de Auster, un narrador omnisciente y poderoso, buscan su camino. Es un libro tierno, de personajes heridos que se dan calor y se buscan en su soledad. Tal vez una crítica: los personajes femeninos están retratados desde el punto de vista masculino, son poco reales como mujeres, son lo que los hombres piensan que son las mujeres. No digo que sea machista, que no lo es, es solo que no son tangibles.O por los menos a mi no me lo parecieron: Pilar es la mujer-niña , la clásica Lolita, a la que se adorna con una inteligencia deslumbrante; Alice es solidaria, tiene un novio del que no se percata que es homosexual, y vive preocupada por su peso y Ellen está deprimida, busca un hombre, y se dedica al dibujo erótico de alto voltaje. Todas se enamoran sin remedio del protagonista (??) .
Por lo demás, la historia de culpa y remordimiento se ve aderezada y enriquecida con alguna que otra incursión (tan clásicamente austeriana ) en el mundo del cine, siendo la referencia Los mejores años de nuestra vida; y en el de la política: la lucha por el escritor perseguido Liu Xiaobo.
Los libros, los escritores y el mundo editorial también están presentes en esta trama de sentimientos en la que la familia se alza como base inamovible, incluso cuando está rota y gravemente dañada. Un padre y un hijo son siempre un padre y un hijo, más allá de toda circunstancia.
La historia queda abierta, poderosamente inacabada.