miércoles, 6 de marzo de 2013

Intemperie: sufrir y gozar. Dos visiones.



1. Prepárate para sufrir. Despójate de todo escudo intelectual, deshazte del cinismo filosófico, evita el subterfugio del análisis. No busques cobijo para tu alma ni pretendas resguardar tu corazón. Estas a la Intemperie. El sol abrasa y la vieja contienda de la inocencia contra la maldad absoluta no admite matices. Ni medias tintas.
La garganta se te seca y no solo es por la sed. Es el miedo que te corroe las entrañas. Jesús Carrasco no nos da tregua. Nos castiga sin piedad y nos arrastramos en busca de más, recreándonos en cada mirada, en cada sonido,  en cada silencio, en cada punzada de dolor. Sufrimos por el presente, sufrimos por el pasado y por el futuro. Y anhelamos el agua, la sombra.... la venganza. Solo un anciano y un niño. Sin nombres.
Prepárate a gozar. Por que este relato es una maravilla.

Por Elena Méndez


2. Hay que reconocer que como debutante literario no se puede hacer mejor. No se si la comparación con Delibes y McCarthy sonará un poco exagerada, pero la verdad es que su dominio del lenguaje,su perfecta descripción y adjetivación de todos los recovecos campesinos y de todos los paisajes de secano lo elevan  a la categoría de gran novelista, pero por encima de todo esto está la fuerza de los personajes, auténticos caracteres de la miserable vida del campo pobre seco y con un agobiante sol que no da respiro. Creo que los personajes no envidian a los mejores de McCarthy. La acción es simple ,brutal y sin pausa, un chico se escapa de su casa y se oculta en el bosque,a partir de aquí todo son aventuras que compartirá en gran parte con un viejo cabrero , persona que sólo Delibes o Saramago serían capaces de igualar en su descripción y comportamiento. El resto es la dureza del secano extremeño o del Alentejo. Como siempre un mundo injusto y despiadado con el débil y el abuso del fuerte. Esta es una novela que no podrás contar, sino sufrir y emocionarte con la lectura. Gran novela y quedo a la espera de la siguiente.
Remitido por Pucho Méndez.